La primera vez que di una clase de teatro fue en el verano que terminé primero de interpretación. Daba unas clases en la cochera de mi casa clandestinamente a niños y adolescentes a 10€ el mes. Descubrí lo bonito que era acompañar a las personas en el encuentro con su propio cuerpo y las posibilidades que este ofrecía. La de herramientas en conexión con el instinto, los impulsos, las acciones, la voz, etc., que se podían desempolvar.
Desde entonces no he parado, o más bien, he intentado no parar de hacerlo. He encontrado grupos de niños, adolescentes y adultos con ganas de descubrirse, y de crear, y yo de seguir creciendo con ellos.